La asamblea de la Liga Nacional destapó la situación en la que se encuentra el escaparate del que vive el fútbol sala nacional. Tras lo sucedido, las respuestas brotan por sí solas. Se reconoce una situación de crisis. Se reconoce que no hay iniciativas. Se reconoce que el producto está en decadencia. Se reconoce ausencia de gestión. Se reconoce que se está llegando a una situación límite. Y, alguno, en petit comité, reconoce, que ya no hay marcha atrás, el barco se hunde si o sí como paso con el Prestige. La diferencia es que el petróleo vertido tendrán que recogerlo los clubes poniendo de su patrimonio.
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